domingo, 8 de noviembre de 2015

Capítulo 1 - Introducción.

Hace mucho, mucho tiempo, en un bosque muy lejano y lleno de misterio, dos grandes amigos vivían felizmente. Uno de ellos, era Ori. Un chico amable, divertido, entregado, sociable y como un hermano mayor para su amiga. La otra, era una chica. Su nombre era Kai. Kai... No era nadie especial. Ella simplemente disfrutaba estar en compañía de su amigo. Siempre fue una chica muy independiente, quizás no por propia voluntad; pero con Ori era distinto. Él fue quien le brindó su mano sin esperar nada a cambio, o sin que ella pidiera ayuda. Supo encontrarla y entenderla. Para sacarla de las tinieblas; otra dimensión. Le debía la vida. Pero, ella sabía que, de aquel mundo del que había escapado, no todo había sido dejado atrás. Días cercanos a la tragedia, la magia del bosque comenzó a desvanecerse. Los árboles perdieron las hojas. Las criaturas murieron. El paisaje quedó desolado. El cielo se tornó rojizo y supo lo que estaba por llegar. Una parte de las tinieblas la estaba buscando. Volvía a por lo que le pertenecía, buscando un balance en el vacío que Ori había dejado al sacarla de las tinieblas. Como si la balanza de su mundo y el de las tinieblas se hubiera desequilibrado por culpa de Kai. Pero Ori tampoco era tonto. Se había dado cuenta de lo que había hecho, y de las consecuencias que traería. Pero, aún sin saber por qué, no era capaz de abandonar a Kai. Ella parecía tan frágil. Pensaba que si la dejaba ir, la oscuridad la tragaría de nuevo y la destruiría. Ori se escondió con Kai en una cueva cercana. Fuera, un torrente de magia oscura buscando su pertenecia se removía inquieto. Ori y Kai se quedaron juntos, esperando que todo pasara y poder ser perdonados. Pero eso era imposible.

Un fuerte viento cargado de maldad se abrió paso entre el bosque sin vida, ya había llegado. Cuando la entidad de las tinieblas estuvo frente a Ori y Kai, les examinó y miró dentro de sus corazones. A través de ellos, la entidad puso su mira en Ori. Vio la magia dentro de él, y sin ocultar su avaricia y egoísmo, decidió llevarle a él en vez de a la joven sin alma.
“A tí, Kai... la chica sin magia que escapó de mi mundo... Te entrego la oportunidad de vivir.
Cuando toda esperanza se desvanezca, sabrás en ese momento lo que has perdido.”
Dijo, y una fuerte luz hizo desaparecer lo que algún día fue Ori.
Kai abrió los ojos confundida, y miró a su alrededor. Despertó en la cueva de antes; pero Ori ya no estaba. Salió desesperada de la cueva en busca de su compañero, y pudo ver el paisaje que las tinieblas habían dejado. Un bosque muerto. Aún en shock, caminó por el sendero por el que siempre paseaba con Ori. Recordaba verle saltando entusiasmado por todas partes; mientras ella se mostraba fría e indiferente, cuando en realidad estaba muy agradecida por haber sido salvada aún sin haber podido gritar por ayuda. Caminaba cada vez más despacio, contemplando todo lo que quedaba, era un lugar sin magia. Como las tinieblas. Reconoció ese frío, esa soledad, ese vacío que parecía no poder llenarse. Se desmayó y cayó al suelo. Entonces pensó.

“A mí, que ya no me queda nada, que lo he perdido todo. La niña que nació sin magia. Espíritus del bosque, escuchadme y dejadme ser el recipiente de vuestra magia. Dejadme resucitar el bosque. Juro que no será en vano.”
Entonces, un poco de magia emergió de cada rincón del bosque. De las rocas, de los árboles, de las criaturas moribundas. Cada pequeña alma levitó, y como si fuera un espectáculo, giraron en torno a Kai. Cuando las luces tocaron su piel, toda la magia entró de golpe.
La joven se sintió mareada,  como si el vacío que había en su corazón se llenase de golpe y todos los sentimientos no cupieran. Vió una luz, y la supo reconocer. Era una imagen de Ori que nunca había visto antes. Sonreía de una forma muy triste, es difícil de explicar. Como si fuera su forma de decirle adiós, dejándole un recuerdo suyo para que nunca le olvidase. Dándole una parte de su alma para que nunca desapareciese. Kai abrió los ojos de nuevo, esta vez de verdad. Ya no tendría miedo de ser la niña sin magia. Porque ahora, la vida y la historia del bosque, y también una parte del corazón de Ori, la acompañarían para siempre; y allá donde pisara, la vida crecería.

¿Que cómo lo sé tan bien...? Bueno... Yo era Kai. La niña sin magia, que huía con miedo de ser destruida por la oscuridad, como si sobrevivir fuera un pecado.

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